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  1. Poema Moleskine

    viernes, 23 de enero de 2009

    Cada dos temporadas comenzaba el aburrimiento, volvió el odio al trabajo o cualquier actividad rutinaria, esas que los radicales reniegan y los reaccionarios idolatran.

    Detestaba de nuevo el culto al estudio, la ambición en la vida y sobre todo recordarse reflejada en acciones que actualmente le lastimaban.
    Entre su discontinuidad se contaban:
    Cinco entradas y salidas del gimnasio
    Clases de pintura
    Cuatro niveles de francés
    Danza contemporánea
    Pilates
    Natación
    Todas o casi todas por creerse gorda, pero más que todo para disfrutar de la compañía de alguien o sentirse útil. Escribió poemas, varios, trato de hacer fotos, videoarte, performance, debatir política, locutar en la radio, escribir para suplementos Light, ser ongecista, trabajar en publicidad, de todo…

    Ahora porque tenía 24 años e inevitablemente había acabado la universidad, se hizo un master en el extranjero, aunque odiara el snobismo de la gente cuando iba a despedidas o bienvenidas, de todos los otros graduados de su seudo clase social que también estudiaban masteres en el extranjero.

    Europa era mejor que Estados Unidos, más izquierdoso y amigo del medio ambiente, al final de cuentas siempre podías ir a Starbucks… Hasta en la República Comunista de China el comercio justo es bisne.

    Pero se dio cuenta que los altibajos emocionales no eran por la geografía o la menstruación. Igual se quería ir, maldecía en las mañanas y lloraba los domingos.

    El primer signo: insomnio seguido por nauseas. Era eso. Había vuelto. El mismo sentimiento de cuando tenía 14, 16, 18 y más recientemente a los 21 y 23 años. No quedaba más que hacer, cambiar de rutinas, buscar un tema más artístico en su vida y retomar pilates. Talvez así la brecha entre los ciclos se ampliaría.
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