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  1. A.M.

    martes, 6 de noviembre de 2012



    Siempre pensó que no podía dibujar, pero Pedro León le demostró lo contrario. Le enseño a hacer collages, cuadros abstractos, retratos y murales. Los guarda todos en un baúl encontrado. Ahora,  utiliza el dibujo como terapia de adicta. Es adicta a la marihuana, al café, al alcohol y a los calmantes. No es adicta al ejercicio, la televisión, la cocaína o el sexo.

    Tiene libretas. Las colecciona para recordar detalles, luego encuentra textos viejos que parecen nuevos y los postea en su blog.

    Hay tantos libros en la casa de sus abuelos. No los quiere todos, pero cada vez que va trae uno nuevo. Siente talvez, que si no los guarda ella, se van a perder para siempre; y si los conserva, aunque no logre leerlos enteros, esos fragmentos se  mantendrán intactos.

    El polvo y el tiempo le dan alergia, pero las supera.

    Ella tiene más inseguridades que un adolescente con acné, y más bosquejos de proyectos que proyectos finalizados. En las paredes de su casa hay hongos, en algunos techos también.

    Un día de estos, cuando finalmente el Xolotlán llegue a orillas de su puerta, pensará, “menos mal que no arregle nada, estas ciudades costeras siempre te traicionan”.


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