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  1. trencito

    lunes, 26 de febrero de 2007

    Mucho he vivido viendo en horizontal, en dependencia de la velocidad y la distancia, callando los sentidos con dos audífonos y los ojos con el sol brillante pero que no quema sobre mi cara.
    Este fue el último viaje, lo tome a destiempo y por accidente, pero era la única forma de volver, me senté enderezada o al menos lo más derecha posible para que no se me vieran los rollos de grasa abdominal y lateral (si, tengo la dicha de tener ambos). Con hambre y dolor de cabeza, combinación matadora de domingo por la mañana me dirigí al coche-cafetería, del 18 al 14 son 4 puertas abiertas y cerradas, there and back, there and back.
    Los kilómetros de costa acaudalada por pueblos con intención de blancura pero claramente comerciales, entraban a mis ojos a través del reflejo del celular en el vidrio. Claro y Oscuro, Playa, Tunel, Playa, Tunel, el lente del teléfono no es como mis ojos, no se ajusta con tanta rapidez, lo que tiene, es que guarda las memorias visuales mejor que yo.
    He intentado dormir bien estando sentada desde que tomaba buses en primer grado los viernes del colegio a la casa de mi mamá, aparentemente casi 19 años de experiencia en vehículos no es suficiente.
    El Trayecto de Barcelona a Madrid no toma tanto tiempo, te vas metiendo y metiendo en el centro hasta olvidar la costa, las casas blancas, y el olor a mar que en estos países nunca se siente igual de penetrante. Yo viajaba sentada pretendiendo ver una película, fijada sobre la conversación y los gestos de extraños, acordándome de las monedas contadas que llevaba en la billetera y deseando que las 4 de la tarde llegaran pronto.

    Se me olvido que los domingos deben quedarse estáticos, hundirse sin llegar al lunes.
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